AAFB El Govern derriba por sorpresa y con nocturnidad el puente del tren conservando sólo una pequeña parte
Font original: Diario El mundo digital

El Govern derriba por sorpresa y con nocturnidad el puente del tren conservando sólo una pequeña parte

Publicat: 6 / nov / 2005  |  Actualitat ferroviària

El viejo puente será reconstruido en el nuevo parque, mantendrá su antiguo aspecto y algunas piezas originales / El viejo hormigón en que estaba hecho impidió desmontar toda la estructura - Las barandillas de fundición y las pilastras de marés han sido desmontadas, numeradas y se utilizarán en la nueva obra

J. R. R.
PALMA.- A las seis y media de la mañana de ayer sábado, con casi dos días de adelanto sobre la última fecha oficial, comenzó el proceso de desmontaje y demolición del viejo Pont des Tren, obra del arquitecto Gaspar Bennàzar, pieza emblemática de la imagen urbana de Palma. El puente será reconstruido en el nuevo Parque de las Estaciones.

Los técnicos que están ejecutando el proyecto de soterramiento de las vías del tren y desarrollo del nuevo parque hicieron lo único posible con el viejo puente: desmontaron las piezas que se podían desmontar, las barandillas de hierro de fundición y las pilastras de marés, que fueron numeradas y han sido conveniente almacenadas.

Y demolieron el resto, es decir, el cuerpo del puente, fabricado con el hormigón y los escombros de relleno que se utilizaban en tiempos del arquitecto Bennàzar, de una mucho menor calidad de la que se exige ahora. Sin embargo, esta destrucción no supone el adiós definitivo a este lugar común de la ciudad. Los técnicos han sacado moldes que permitirán su reproducción en un futuro cercano.

Esta reproducción será exacta, solo que en el futuro, en el nuevo Parque de las Estaciones, o como se quiera rebautizar, el nuevo puente estará reorientado, a 90 grados de su posición habitual, inútil ya para salvar unas vías que ya no pasarán al nivel del suelo, sino por debajo. El nuevo puente será una pieza del nuevo entorno paisajístico, verde y libre de agobios.

De hecho, los ciclistas urbanas que tantas veces han pugnado con su pendiente, podrán seguir haciéndolo, aunque en un entorno menos peligroso, sin coches ni peatones, solo con paseantes. Se habrá cumplido así la iniciativa -aunque los padres de la idea no lo acepten- de que el puente se convierta en una atalaya en medio de Palma.

La demolición cuenta con el amparo de la Comisión de Patrimonio. El puente formaba parte del catálogo municipal de edificios a proteger, aunque su estado permitía que se hiciera lo que se ha hecho: conservar lo conservable y reproducir el conjunto de acuerdo con su imagen original, aunque, eso sí, con materiales nuevos.

Algo parecido sucedió -y no ocasionó tanta controversia- con la Plaza de las Columnas (Plaza de García Orell) que fue derribada y reconstruida con materiales nuevos. Sin embargo, en esta caso, a los vecinos -al menos a los integrantes de la Plataforma pel Parc de ses Vies- la reconstrucción no les parece una buena solución.

En todo caso, dada la mala calidad (para el siglo XXI) del hormigón, que comenzó a deshacerse en cuanto se inició la demolición, era la única opción. Las fotos, planos y moldes que se han hecho estos meses del puente permitirá, junto con las piezas salvables, su reconstrucción.

ELMUNDO OPINA
No eran las formas

La algarabía montada en relación con el puente de Gaspar Bennázar en la zona de las Estaciones podía provocar un retraso considerable en las obras de uno de los más importantes proyectos urbanísticos de Palma y de Mallorca, puesto que lo que se está haciendo con las Estaciones no es sólo, ni principalmente, una cuestión estrictamente palmesana, sino de toda la Isla. El puente de Bennázar es una bella muestra de la obra de este ilustre arquitecto que, en consecuencia, debe ser conservada y así se va a hacer, según anunció ayer la Conselleria de Obras Públicas, aunque la realidad es que sólo podrá aprovecharse una parte de la popular construcción. Pero el puente es, ante todo, un puente. Que se construyó para resolver la comunicación entre dos zonas de la ciudad fracturadas por las vías del tren. Su función es más importante que el puente en sí mismo y si su función no sólo desaparece sino que su intocabilidad perpetúa la deficiente comunicación, hay que trasladarlo sin que tiemble el pulso, aunque la impresión que ha dejado su demolición es que las formas no han sido las más adecuadas. Los responsables argumentan que actuando así se molestaba lo menos posible, pero la ciudadanía puede tener una percepción negativa de ese derribo por sorpresa y con nocturnidad. Probablemente hayan acertado en el fondo, pero no en las formas.

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