AAFB El complejo enganche del tren
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El complejo enganche del tren

Publicat: 21 / mar / 2009  |  Actualitat ferroviària

LLORENÇ RIERA Crear una nueva infraestructura ferroviaria en Mallorca o prolongar alguna de las ya existentes, es un fenómeno complejo y poliédrico que va mucho más allá de los trazados propuestos o posibles y sobre el que influyen muchos factores. Se está poniendo en evidencia ahora mismo con la modernización de la vía férrea entre Palma e Inca, el desdoblamiento hasta la estación de Enllaç o los proyectos, de diverso nivel, que deben lograr la llegada del tren a Alcúdia o el tranvía a la Platja de Palma. También quedó patente en el debate organizado anoche en el Teatre de Manacor por este periódico y en el que cualificados representantes de la Administración y de plataformas sociales contrastaron sus posiciones sobre la ya inminente recuperación del trazado ferroviario en el interior de la ciudad para poder alcanzar Sant Llorenç, Son Carrió, Son Servera y Artà.

Salvo en el caso de Alcúdia, en el que la posición extrañamente unánime de los distintos grupos municipales, descartando lo único posible, ofrece indicios suficientes para pensar que en realidad el Ayuntamiento, vete a saber en función de qué influencias, no desea el tren, parece evidente que existe una demanda efectiva y un deseo real de servicio ferroviario en todos los ámbitos. Tampoco hay constancia de que los vecinos de Alcúdia descarten el tren al mismo nivel en que lo hace su Ayuntamiento.

De todos modos, las trabas, o los pasos a nivel si lo queremos en lenguaje ferroviario, comienzan cuando entramos en detalles. Todo porque las vías de nueva generación, para alcanzar el paralelismo y el nivel necesario de solvencia moderna, deben tener en cuenta no sólo elementos físicos y urbanos, sino también comportamientos sociales, factores comerciales influyentes y equilibrios políticos, precisamente ahora, cuando el pacto de gobierno de la administración autonómica está apuntalado y enquistado desde casi todos sus ángulos.

El tren de Mallorca necesita electrificarse para ser rápido, cómodo y seguro, es decir, eficaz. Mientras, Ayuntamiento y vecinos de Inca se organizan en una campaña para exigir de una vez por todas el soterramiento de las vías a su paso por la ciudad. En Manacor, el enganche entre el ferrocarril convencional de gasoil que llega a la ciudad y el futuro tren-tram que se propone alcanzar Artà, es poco menos que traumático porque el Passeig Ferrocarril ya no responde a su buen nombre y está devaluado bajo la quema de ´colesteroles´ y toxinas urbanas con palmeras exóticas. Quedan muchos pasos a nivel peligrosos por borrar en todo el trazado existentes y, fuera de complejidades, sin ir más lejos, los vagones de Serveis Ferroviaris de Mallorca no se llevan bien con la fregona y la escoba.

Aún con todo ello, el tren tiene una alta aceptación en una isla habitada
por tantos coches como personas. No queda más remedio pues que habilitar las vías del consenso y de la sincronización social atendiendo a trazados de realidad y de posibilidad. La única vía descartable es esa, tantas veces emprendida, según la cual, cada vez que se inicia un nuevo proyecto ferroviario en Mallorca, se abren baches de confrontación social, intereses contrapuestos y socavones políticos.

Queda el mal ejemplo de Petra como escarmiento. El consenso y la efectiva decisión de gobernar deben ser compatibles en un efectivo plan ferroviario de la isla.

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