AAFB 100 años de tren de Sóller
Font original: El Mundo

100 años de tren de Sóller

Publicat: 15 / abr / 2012  |  Actualitat ferroviària

El Ferrocarril de Sóller celebra por todo lo alto que su tren lleva un siglo en funcionamiento y que, pese a ser ya una reliquia, goza de un muy buen estado de salud, constituye todo un símbolo en la comarca, es una importante fuente de ingresos gracias a los más de 720.000 pasajeros anuales y representa un motor económico para el municipio. El tren de Sóller se construyó a comienzos del siglo XX, cuando apenas estaba popularizado el uso del coche. La idea era que la ciudad pudiera estar mejor comunicada con la capital y el resto de la Isla. 150 valientes accionistas locales, encabezados por el visionario Jeroni Estades, consiguieron reunir un capital inicial de 3.100.000 pesetas de entonces y en menos de cinco años ejecutaron unas complicadas obras que precisaron de la perforación de trece túneles –uno de ellos de 2.900 metros de longitud– para superar la barrera de la Serra d’Alfàbia.

A finales del siglo XIX se hablaba en Sóller de que era más fácil ir a Francia que a Palma
Después de arduos trabajos con el proyecto llegó el día clave. El 16 de abril de 1912 entraba en funcionamiento el nuevo tren de vapor y se suspendía el servicio de carruajes por el Coll. El cambio era fundamental para la vida de los vecinos. De cuatro horas de trayecto duro entre sinuosos caminos se pasaba a tan solo una, y el esplendoroso Sóller del momento se conectaba al resto de la isla por méritos propios. Hasta entonces se hablaba de que era más rápido ir a Francia que a Palma.

Pero quizás lo más importante del Ferrocarril de Sóller no fue conseguir que se construyera, sino adaptarse a los nuevos tiempos, década tras década, hasta situarse con suficiente potencia en el nuevo siglo y hacerlo siendo aún una empresa de carácter privado que no cuenta con ayudas de la administración. Un caso único en toda España.

La compañía completó su recorrido en octubre de 1913 con los cinco kilómetros restantes hasta el Port de Sóller con el tranvía, que desde el comienzo ya fue eléctrico. En 1929 renovó por completo la vía para adaptarla a los nuevos automotores eléctricos, los que funcionan hoy, que permitieron arrastrar un número mucho mayor de vagones y terminar con un grave problema de acumulación de humo en el interior de los vagones durante el paso por los sucesivos túneles. Tal y como pretendía ya Jeroni Estades, poco a poco incorporó a los turistas entre sus pasajeros, tanto isleños como foráneos. A medida que iba ganando terreno el uso del coche particular y el tren iba perdiendo pasajeros, se incrementaba también la movilidad de las personas y la llegada de turismo, por lo que el tren seguía estando vigente.

Incluso antes de la Guerra Civil el tren de Sóller es ya un atractivo turístico de primer orden. La compañía adquiere un autobús para que los visitantes puedan proseguir su camino por el entorno de la comarca y tan solo la irrupción del conflicto armado detiene las expectativas. El país queda paralizado, pero el tren se adapta y, en pocos años, se recupera. Si en 1935 transporta a 183.000 pasajeros, en 1959 llega ya a más de 400.000. Ayuda a la recuperación el auge del Port de Sóller como enclave comercial e incluso la creación, precisamente hace 75 años, de la Base Militar.

150 accionistas pagaron tres millones de pesetas para empezar las obras
Durante los años setenta el tren de Sóller vivió también malos momentos. «Túnel sí, tren no» fue el lema de una campaña local a favor del transporte por carretera que finalmente se saldó con un túnel sí y tren sí. Hace quince años que abrió el túnel de Sóller, que se creó una línea de autobús con Palma, y que el uso del tren por parte de los residentes ha quedado reducido a un 1%, tal y como reconoce el actual presidente de la compañía, Óscar Mayol.

«El tren es hoy un atractivo turístico», señala Mayol, quien sabe muy bien que el secreto del éxito es el paisaje que atraviesa y también las piezas originales que son continuamente restauradas y mimadas por un equipo técnico de cerca de cuarenta personas. En los talleres de la Estación de Sóller su jefe, Jaume Alcover, comenta que muchos pasajeros no creen que estén viajando en un tren de hace cien años, sino que piensan que se trata de una réplica.

El equipo de carpinteros, electricistas, herreros y torneros se encarga de mantener al día una maquinaria única para la cual, en muchas ocasiones, se han de crear a propósito recambios que no pueden localizarse en ningún lugar del mundo. Otros velan para que los 32 kilómetros de vía estén impecables, otros para conducir el tren y el tranvía, o para expedir billetes... así hasta un centenar de trabajadores que conforma la plantilla actual.

Actualmente se usan las piezas originales, muchas de ellas ya ni se fabrican
Óscar Mayol forma parte del nuevo equipo directivo que hace una década cogió las riendas del Ferrocarril. Su familia posee también la empresa naviera que transporta a los mismos turistas desde el Port de Sóller hasta Sa Calobra y que constituye la excursión llamada Vuelta Isla que es la más exitosa de cuantas se ofrecen a los turistas hospedados en hoteles de Mallorca. Mayol ha apostado fuerte por el turismo, pero también por la cultura. De hecho en la Estación de Sóller hay dos salas con obras de Picasso y Miró, y el Museo Modernista de Can Prunera, auspiciado por la compañía, se ha convertido en todo un referente en Sóller y un polo de atracción de visitantes.

Los actuales gestores, que cuentan ahora con una nueva concesión de cincuenta años de la línea, desean poder proseguir con la línea iniciada y su deseo más inmediato es el de intentar atraer hasta Sóller a los mallorquines. Para ello en los próximos días entrarán en vigor unas nuevas tarifas que encarecen el billete para los no residentes, pero los abaratan para los baleares.

Estos días Sóller revive el jolgorio con el que se recibió, hace cien años, una nueva etapa de modernidad y un acercamiento al resto de la sociedad mallorquina. La compañía ha preparado para todo el fin de semana diferentes actos de celebración que culminan mañana, una fecha señalada en el calendario local.

Óscar Mayol tiene claro que el tren es un proyecto común y que los vecinos de Sóller son quienes más han contribuido a su sostenimiento. Pese a ello también reconoce que el Tren «ha dejado de ser un servicio público para convertirse en un atractivo turístico».