AAFB Tirar piedras a las vías
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Tirar piedras a las vías

Publicat: 24 / may / 2010  |  Actualitat ferroviària

¿Quién y qué empresa y con qué contrato construyó el muro de contención que ha causado el descarrilamiento? ¿Es aceptable que una obra realizada en 2004 se desprenda apenas seis años después? ¿Por qué calla el PP, cuyo último gobierno licitó esas obras? ¿Las revisó tras su fin? ¿Las ha inspeccionado a fondo el actual equipo? ¿Cómo se entiende que ningún técnico detectara anomalías? ¿Cómo pueden bastar unas lluvias para que se desplome una trinchera de hormigón de doce metros de longitud y cuatro de altura? ¿Nos encontramos ante una nueva chapuza del mismo equipo que licitó el famoso metro palmesano? ¿O cabe señalar dejación de funciones en el nuevo gobierno? ¿Sencillamente nunca debió escogerse ese trazado, que ya acumula dos accidentes? ¿Qué se les va a decir a los familiares de Amador Ferriol, el maquinista que -en el momento de escribir estas líneas- sigue en coma, con pronóstico muy grave?

No se trata -nunca debiera tratarse- de buscar chivos expiatorios que satisfagan la necesidad de justicia de unos y el alivio culpable de otros, sino de conocer y diagnosticar con eficiencia los problemas que atraviesan los servicios ferroviarios de Mallorca, cada vez más denostados. Bajo la sospecha -continua y fundamentada- de que muchas inversiones de la pasada legislatura no fueron pensadas para mejorar y promocionar el transporte público, sino con el fin espurio -y delictivo- de pagar favores, crear deudas y, en suma, olvidar la función de servicio a la sociedad que debiera exhibir todo gobierno, no van a bastar en esta ocasión unas pocas explicaciones.

Ya se ha señalado repetidamente la estrategia que utiliza el PP en casos de corrupción: no demostrar la inocencia de sus integrantes, sino sembrar dudas sobre la legitimidad de sus acusadores. La defensa de Matas (o del caso Gürtel y de tantos otros, desde los atentados islamistas de Madrid hasta esa acusación universal pregonada por Rajoy: “La corrupción está en la naturaleza humana”) nunca ha aspirado a limpiar la imagen del ex presidente, sino a invalidar su juicio por defectos de forma o, en el peor de los casos, en prolongarlo mediante recursos hasta que caiga en el olvido. La misma estratagema siguen aún hoy los conservadores con el metro palmesano de la vergüenza: puesto que a ningún observador imparcial puede ocultársele que esa construcción fue una chapuza -las imágenes cantan-, cuyo trasfondo financiero habrá de ser investigado alguna vez, el PP carga contra la empresa y el Govern que auditó las obras tras la segunda inundación.

Que nadie espere, pues, respuestas reales a las preguntas que abrían este artículo. La experiencia señala que sólo una hipotética investigación judicial las responderá durante un breve lapso de tiempo, el necesario para que los responsables -sean quienes fueren- recusen al juez o a los fiscales o aun a sus denunciantes. Recuerden: el PP acusó al Pacto de haber dejado arruinarse la “magnífica” construcción del Palma Arena. Sin embargo, tal vez haya llegado el momento de apelar a la conciencia ciudadana. Tal vez haya llegado ya de quitar piedras de las vías, y de apartar a quienes las lanzaron.

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