AAFB Un ´escudo de armas´ ferroviarias
Font original: Diario de Mallorca

Un ´escudo de armas´ ferroviarias

Publicat: 14 / may / 2010  |  Actualitat ferroviària

La heráldica es un arte cachondo. Los creadores de los blasones de familias, municipios o instituciones suelen tomar atajos tan evidentes al adoptar un símbolo que el observador busca una segunda intención o un enigma inexistentes. Es lo que los expertos califican como heráldica parlante. Solo así se explica que en el escudo de Bunyola figuren cinco buñuelos; que en el de Inca aparezca un perro o que en el de Manacor se vea una mano que sostiene un corazón. La misma senda siguieron las familias ennoblecidas para diseñar sus emblemas. En el escudo de los Truyols se ve un trull –una almazara en castellano–; en el de los Alomar, un ala que sobrevuela el mar; en el de los Pou, una cisterna; en el de los Sureda, un alcornoque –por surera, de suro (corcho)–; en el de los Cardona, un cardo... y así podríamos seguir hasta completar un libro.
La heráldica parlante ha perdido adictos en los tiempos modernos. Por ejemplo, ningún banco tiene un manojo de billetes en su marca, aunque Sa Nostra exhibió hasta hace unos años una hucha que aún puede verse en uno de los vitrales del presbiterio de la catedral.
Sin embargo, los paseantes por el Parc de la Mar pueden observar un blasón, aunque quizás solo se trate de un aviso, al menos curioso. Sobre el antiguo túnel que unía el puerto con las estaciones destaca un círculo atravesado de izquierda a derecha por una locomotora –quizás una Nasmyth Wilson– con su estela de humo, que tira de dos vagones de mercancías. La ornamentación exterior está formada por dos guirnaldas de frutas. A ambos lados, una inscripción: Año 1932.
Es un escudo que evoca el tren que recorría la ronda de Palma, entraba por la puerta de Jesús y a través de la Rambla y el Born llegaba hasta el puerto. La carga más habitual eran los cerdos, una visión no muy agradecida por los habitantes de Palma ni por sus visitantes. Para eliminarla se construyó un túnel de 1.231 metros que partía del actual Parc de les Estacions y desembocaba en el hoy Parc de la Mar. Una obra titánica despedazada a partir de los años 70 por los aparcamientos subterráneos de las avenidas, la plaza Major y del Olivar. Hoy solo un escudo nos lo recuerda.